Que buen aspecto tenían aquellos yankys…Eran vagabundos de un dharma sin patria, soñaban despiertos y vivían bajo los efectos de los grumos prohibidos. Una América un tanto a medias, donde los negros eran el otro continente, un continente sonoro, golpeado, solapado…pero imposible absolutamente seguir viviendo sin descubrir el germinativo ritmo que jamas el hombre blanco había imaginado. De pronto los muchachos del Oeste armado, descubrieron que tenían culo, y que menearlo era mucho mas que sentarse en un tren que atravesaba América genocida, sin herencia, orgullosa y estúpidamente juvenil. Todos estos amigos nuestros, la generación beat, se fueron a vivir a las calles negras donde el jazz zurraba la badana a los bien pensantes, puritanos, cuáqueros-protestantes.
LO QUE DEBES SABER PARA SER UN POETA
todo lo que puedas sobre los animales como personas.
los nombres de árboles y flores y malas hierbas.
nombres de estrellas, y los movimientos de los planetas
y la luna.
tus seis sentidos, con una mente alerta y elegante. por lo menos una clase de magia tradicional:
adivinación , astrología, el libro de los cambios, el tarot;
sueños
los demonios ilusorios y los resplandecientes dioses ilusorios;
besar el culo del diablo y comer mierda;
joder con su verga peluda y rijosa
joder con la bruja,
y con los a´ángeles celestiales
y las doncellas perfumadas y doradas–
y luego amar lo humano: esposas y amigos. juegos infantiles, historietas, goma de mascar,
y lo extraño de la televisión y los anuncios.
trabajar, largas horas áridas de trabajo insípido y aceptado
y vivido y amado finalmente.
Agotamiento,
hambre, descanso.
la libertad loca de la danza, éxtasis el peligro real.
la apuesta
. el borde de la muerte.
Qué decir, todavía
Leyendo las páginas de prueba tipográfica de los Poemas completos de Laughlin
con miras a escribir un comentario,
qué afectuosamente habla J. de Pound,
recuerdo un momento cuando…–
A los veintitrés me sentaba en una cabina de vigía con un viento gris
azotando
en el extremo norte de las Cascadas del norte,
por encima de rocas y hielo, preguntándome
si debería ir a visitar a Pound a Santa Elizabeth.
Y estudié chino en Berkeley, fui a Japón, en cambio.
J. expresa su amor por las mujeres,
su amor por el amor, su dedicación , su haber causado el dolor,
allí mismo.
Tengo 63 años ahora, y voy de camino a recoger a mi hijastra
de diez años y conducir el automóvil;
acabo de terminar una carta de cinco páginas para los supervisores del condado
con relación a un supervisor
anterior,
ahora perteneciente a un grupo de presión política pagado,
que ha tergiversado los hechos, a quien le pagan por sus mentiras. ¿Tengo que tratar con este canalla? Sí.
El manuscrito de James Laughlin está en mi escritorio.
Anoche a altas horas leyendo sus poemas nítidos-
y el volumen de Burt Watson de las traducciones de Su Shih,
próximo en la cola para un comentario en la solapa.
Calor de septiembre.
El Instituto Watershed se reúne,
para organizar más trabajo con B.L.M.
Y tenemos visitantes de China, ingenieros forestales,
que quieren ver cómo nosotros los palurdos, seguimos con nuestro
plan.
Los editoriales del periódico están en contra nuestra,
un botánico está examinando las plantas raras de los pantanos.
Pienso en cómo J. escribe historias de sus amantes en sus poemas–
pone mucho,
me llega al alma,
¿Tan imprudentemente atrevido –tonto–?
para escribir tanto de sus amantes
cuando llevas casado tanto tiempo. Después pienso,
¿qué sé yo?
Sobre qué decir
o no decir, qué contar, o no, a quién,
o cuándo,
todavía.
En memoria de James Laughlin (1993)
Gary Snyder (1930, San Francisco, Estados Unidos de Norteamérica)
De: el adelantado de Indiana
Traducción: Emilia del Río
ManzanitaAntes del amanecer, los coyotes tejido de la medicina canciones redes de sueño – cestas espíritu – lechosa música forma se cocinan las niñas con ser mujer; o la danza vertiginosa de los niños de rayas – En la Luna-set de los pinos son de oro-púrpura Poco antes del amanecer. El perro se apresura en la maleza Vuelve jadeante Enorme, en las flores secas pequeñas. Un pájaro carpintero Los tambores y los ecos Al otro lado del prado todavía Un hombre llama, y lanza una flecha Zumbido, planos, Echa de menos un tronco gris, y la división Un rojo liso curvas manzanita rama. Manzanita las puntas en la fruta, Los racimos de bayas verdes duro Cuanto más se mira Cuanto más grande es lo que parecen, ‘Manzanitas’ Gary Snyder Turtle Island
ManzanitaBefore dawn the coyotes weave medicine songs dream nets – spirit baskets – milky way music they cook young girls with to be woman; or the whirling dance of striped boys – At moon-set the pines are gold-purple Just before sunrise. The dog hastens into the undergrowth Comes back panting Huge, on the small dry flowers. A woodpecker Drums and echoes Across the still meadow One man draws, and releases an arrow Humming, flat, Misses a gray stump, and splitting A smooth red twisty manzanita bough. Manzanita the tips in fruit, Clusters of hard green berries The longer you look The bigger they seem, `little apples’ Gary Snyder Turtle Island
Gary Snyder, poeta y ensayista norteamericano, y La Práctica de lo Salvaje
Gary Snyder (San Francisco, 1930), es uno de los poetas contemporáneos más sobresalientes en lengua inglesa – Asociado a la Generación Beat, es también ensayista y activista del medio ambiente – En 1974 recibió el premio Pulitzer de poesía – La sesión se iniciará con la proyección del documental The Practice of the Wild, un retrato del autor en conversación con Jim Harrison, dirigido por John J. Healey
nexo5.com
La Casa Encendida acoge al poeta y ensayista norteamericano Gary Snyder, que, tras la proyección de un documental sobre su vida (The Practice of the Wild) ofrecerá un recital de sus poemas el próximo jueves 12 de mayo. El lunes 16 de mayo, se repetirá el mismo programa dedicado a Gary Snyder en el Espai Cultural de Caja Madrid en Barcelona.
Gary Snyder (San Francisco, 1930) es uno de los poetas vivos más reconocidos en lengua inglesa. Presente en la mayoría de las antologías de poesía norteamericana desde hace cincuenta años, ha sido ganador de numerosos premios de poesía, entre los que se cuentan tres de los más prestigiosos de Estados Unidos: el Pulitzer en el año 1974 (por el libro Turtle Island), el Bollingen Prize en 1997 y el Ruth Lilly Lifetime Achievement Award (destinado a premiar el conjunto de una obra literaria) en 2008.
Inicialmente asociado al movimiento beat y al renacimiento poético de San Francisco, cercano a Allen Ginsberg y Jack Kerouac (que lo hizo protagonista ficcional de una de sus novelas, Los vagabundos del dharma), Snyder se ha establecido como un poeta fundacional por su fusión estilística de la estética literaria oriental y el modernismo norteamericano, el reconocimiento del trabajo manual y su traslación temática a la poesía, y la asimilación de la ética budista (residió diez años en Japón) en la exploración de nuestra responsabilidad ecológica.
The Practice of the Wild
Previamente a la lectura se proyectará el documental The Practice of the Wild [La práctica de lo salvaje] dirigido por John J. Healey. Este trabajo, con el título homónimo de un influyente libro de ensayos sobre ética ecológica publicado por Snyder en 1990, repasa la trayectoria vital del autor en conversación con el escritor Jim Harrison. Con el impresionante fondo del entorno natural de la costa central de California, Snyder y Harrison hablan sobre budismo Zen, la contracultura americana de los años sesenta o la interdependencia de nuestra especie con el mundo natural. La película teje con sutileza este diálogo con excelente material de archivo y comentarios de críticos, editores y poetas relacionados con Snyder y su obra.
John J. Healey (Nueva York,1950) empezó su carrera en el cine trabajando con Víctor Erice en El Sur. Posteriormente ha trabajado en labores de producción en los Estados Unidos en películas dirigidas por Woody Allen, John Huston, Arthur Hiller y Peter Weir. En 1998 dirigió el documental Federico García Lorca con motivo del centenario del poeta español. Actualmente vive en Madrid y prepara dos nuevos proyectos, un documental sobre Herman Melville y un largometraje de ficción.
Información adicional
Sobre “Mente salvaje(poemas y ensayos)”, de Gary Snyder (Madrid, Árdora Exprés, 2000; traducción de Nacho Fernández) por Thais Morales
Jack Kerouac y Gary Snyder, vagabundos del Dharma
Aunque Snyder ya no quiere hablar de aquella época, su relación con la generación beat es innegable, e incluso mantuvo una larga amistad con Ginsberg hasta el día de su muerte. Sin embargo, fue su relación con Kerouac la que ha dejado una huella más profunda, al menos a nivel literario. Durante los meses en que se conocieron, a mediados de los años cincuenta, el autor de En el camino esbozó su segunda gran novela, Los vagabundos del Dharma, y una pequeña joya poética, un sutra llamado «The Scripture of the Golden Eternity». Con el tiempo, un Jack Kerouac repleto de contradicciones y alcoholizado acabó por demonizar a Snyder (igual que al resto de sus compañeros de generación) por sus tendencias anarquistas y, supuestamente, comunistas. Por su parte, el poeta zen percibió «alrededor de Jack una vena autodestructiva, un aura de fama y de muerte».
Pocas veces se lee a un poeta sabio, un poeta embarcado en la búsqueda del silencio a través de las palabras, en un mundo en el que todo fluye constantemente, en un mar de prisas, giros inesperados, angustias, relojes, motores en marcha… Una de esas raras ocasiones se produce cuando se abre un libro de Gary Snyder, de quien se acaba de publicar, por primera vez en castellano, una breve antología: Mente salvaje (poemas y ensayos). Los trabajos de uno de los poetas norteamericanos más importantes de las últimas décadas reflejan el momento de la pausa, de la quietud, el instante en el que la mente se vacía, el ego desaparece y lo concreto y puntual se revela como universal. Así son los poemas de Snyder, un veterano de la palabra, heredero de los trascendentalistas Henry David Thoreau y Ralph Waldo Emerson, un zen lunático, un ecofilósofo, uno de los fundadores de los movimientos biorregionales y budistas de Norteamérica, precursor en temas como la reducción del uso del combustible fósil, el reciclaje y, según dicen, un beat, que cargó con esta etiqueta a raíz de su relación con Allen Ginsberg y, sobre todo, con Jack Kerouac, al que inspiró Los vagabundos del Dharma.
A pesar de su indudable influencia sobre Kerouac, Snyder no es beat.«Se puede hablar de mí como amigo de la generación beat en sus primeros tiempos, pero no formo parte de esa generación», aclara el poeta en una entrevista que publicó el periódico El Mundo en diciembre de 1992. Así pues, ¿cómo fue esa relación entre los dos escritores, y por qué aún hoy, cuarenta años después de que se conocieran y treinta después de la muerte de Jack, se sigue relacionando a Gary con el autor de En el camino?
«Le debo mucho a Snyder por sus enseñanzas de Buda. Por estar aquí, a mi lado, y darme la oportunidad de aprender alguna cosa de todo esto. Pero nunca me lo tomé en serio. No. Nunca he pensado en Buda como una parte real de mi religión. Nací católico y es la única cosa que me importa. Jesús es lo único en lo que he estado interesado», le comentó Kerouac a Charles E. Jarvis en el transcurso de unas conversaciones que mantuvieron en Lowell y que dieron pie al libro Visions of Kerouac. Snyder le enseñó al gurú beat técnicas de escalada, algunas ideas básicas acerca del budismo y le transmitió su fascinación por la naturaleza, si bien con un ligero matiz que lo diferencia de Thoreau y compañía: para Snyder, como budista que era, no había diferencia -como enseña “El Sutra del Diamante”- entre seres sensibles y seres no sensibles.
En septiembre de 1955, cuando Allen Ginsberg conoció en Berkeley a Gary, dijo de él en la biografía de Kerouac escrita por Ann Charters: «Está estudiando lenguas orientales y dentro de poco se va a Japón: quiere ser monje zen. Es lacónico, de corazón cálido; está bien, tiene una pequeña barba, es delgado, rubio, va en bicicleta por Berkeley con sus Levi´s, está colgado de los indios … y escribe bien. Una persona interesante». A Jack, que acababa de llegar de México, Allen le aseguró que Snyder era la única persona a la que realmente valía la pena conocer en la universidad porque poseía una inteligencia «auténtica e iluminada».
Con estas referencias, Kerouac -que había empezado a interesarse por el budismo en 1954, a través de Thoreau- conoció a Gary en octubre de 1955, la noche de la famosa lectura poética en la Six Gallery de San Francisco, en la que Ginsberg leyó por primera vez en público su mítico «Aullido». De inmediato quedó fascinado por la personalidad del poeta que tantas cosas iba a enseñarle acerca de las filosofías orientales, la meditación y la vida en las montañas. Kerouac inmortalizó a Snyder en Los vagabundos del Dharma, una novela que anunciaba, con un toque visionario, los rasgos principales de la generación que estaba a punto de llegar, la de los años sesenta, la de la revolución de las mochilas.
«Todo el mundo vive atrapado en un sistema de trabajo, producción, consumo, trabajo, producción, consumo… Tengo la visión de una gran revolución mochilera, miles y miles, incluso millones de americanos yendo de aquí para allá, vagabundeando con sus mochilas, escalando montañas para rezar, alegrando a los viejos, provocando la felicidad de las jóvenes y las viejas, y todos son lunáticos zen que escriben poemas que brotan de sus cabezas sin razón…» (Los vagabundos…, Barcelona, Anagrama, 1996; trad. de M. Antolín Rato).
Quien así habla en la novela es Japhy Ryder, el alter ego de Gary. Y Ryder-Snyder no hablaba porque sí, ya que su primer «contacto» con Kerouac fue a través del artículo «Jazz of the Beat Generation», publicado en la revistaNew World Writing en la primavera de 1955, que lo impresionó por su prosa espontánea.
Aquel otoño, Kerouac, Ginsberg, Snyder y también el poeta y orientalista Philip Whalen pasaron la mayor parte de su tiempo juntos en San Francisco, “yendo a cenar, escribiendo, charlando, bebiendo y pasándolo bien”, recuerda Whalen –el Warren Coughlin de Los vagabundos- en The Beats, de Ann Charters. Todos sentían una gran atracción por el budismo; de hecho, era su único nexo de unión, si bien entendido de maneras muy diferentes. Para Jack Kerouac, el budismo -una excusa literaria más que otra cosa, ya que jamás renunció a su catolicismo- era lo mismo que decir: no hagas nada. Para Snyder, en cambio, budismo significaba actividad, y siempre reservaba tres momentos al día para sentarse a meditar. Jack admiraba esa dedicación, aunque siempre criticó lo que él llamaba «efectismo intelectual» del Zen. Él era un budista Mahayana, no Zen: «Lo que realmente ha influido en mi trabajo ha sido el budismo Mahayana, el budismo original de Gotama Sakyamuni, el Buda de la India de los antiguos…», afirma Kerouac (Emanuele Bevilacqua, Guía de la generación beat, Barcelona, Península, 1994; trad. de Edgardo Dobry).
En 1956, Jack y Gary compartieron durante unos días una cabaña en la ladera del monte Tamalpais. Fue en ese magnífico lugar donde Jack Kerouac escribió «The Scripture of the Golden Eternity». «Gary Snyder me dijo: muy bien, Kerouac, es hora de que escribas un sutra, que es un discurso, una escritura. El sabía que yo era un Bodisatva y que había vivido 12 millones de años en 12 millones de direcciones … Al final escribí un sutra en la cabaña … Lo escribí a lápiz, lo corregí, lo repasé y todo eso porque era una escritura. No tenía derecho a ser espontáneo», leemos en la biografía firmada por Ann Charters.
Kerouac buscaba respuestas y no le importaba encontrarlas en cualquier lugar, aunque sólo la religión católica contaba con su incondicionalidad. El resto eran excusas literarias. “No me importa una mierda ni la mitología ni todos los nombres y vertientes del budismo, sólo me interesa la primera de las cuatro verdades: toda la vida es sufrimiento”, le dijo Jack a Snyder. Pero Kerouac, además de chocar por sus diferentes ideas e intereses budistas, acabó enfrentándose a Gary por otro motivo: el joven poeta zen era un activista político, un ferviente anarquista, una actitud que Jack no compartía en absoluto. Hasta tal punto, que en Desolation Angels escribió que Snyder no pudo reincorporarse a su trabajo como guarda forestal porque lo habían etiquetado de comunista . Gary diría que, a pesar de su encanto y su dulzura, Jack podía comportarse a veces como un borracho maleducado, capaz de herir y ofender a sus amigos más íntimos.
La relación de Jack y Gary fue breve, pero marcó la época más religiosa del escritor de Lowell y dejó una huella imborrable en Los vagabundos del Dharma y en «The Scripture of the Golden Eternity». En mayo de 1956, Gary embarcó hacia Japón para proseguir sus enseñanzas zen en el monasterio rinzai de Daitoku-ji. Kerouac permaneció en Estados Unidos hasta 1969, año de su muerte.
De: www.barcelonareview.com
Imagen: bigbridge.org